Hay quien se queja del café frío mientras enfrente alguien sostiene varias noches sin dormir. Las palabras caen ligeras, sin notar el peso del aire que comparten. Un problema sin importancia ocupa todo el espacio cuando no se mira alrededor. No se hace con maldad, es solo cotidianidad. Falta la pausa, el gesto de preguntar, el silencio oportuno. Porque a veces no duele lo que se dice, sino lo que se ignora. Y entre lamentos pequeños y batallas más grandes, el tacto se convierte en un lenguaje que pocas personas aprenden a usar.
Un beso de tirita. mjo
