Reconocí cada una de sus voces. Eran siete. Ocho si contamos a la que vive en Bilbao. Volvían de una comida. O de bailar. O de un karaoke de los años 80. No sé. Volvían de algo divertido. Seguro. Reconocí sus voces y recordé cada uno de sus nombres y apellidos. Porque a las amigas de la escuela siempre las recuerdas con nombre y con, por lo menos, un apellido. A veces incluso por el mote si lo tenían. (Yo era de las que lo tenía. Tengo un nombre que no es un nombre. Es un mundo de posibilidades.) Bueno, decía yo que reconocí y recordé. Como si de un perfume se tratara. Y nos vi por un momento tal y como eramos antes. Vi el churro-medio-mango-mango-entero. Vi la vuelta a casa por la revuelta. Vi las aulas y las excursiones. Las meriendas. Las inyecciones. Las radiografías en la biblioteca. Vi profesoras y profesores, partidos de futbol, carnavales. Un montón de momentos vividos que ahora me gustaría ver en un documental. Como esos que hacen sobre el rey o personas de renombre.
Oí sus voces y recordé sus nombres, apellidos, rostros y sonrisas. Recordé que eramos unas niñas y ahora, cuando tantas cosas han cambiado, creo que seguimos siendo las mismas. Trabajadoras, educadas, ... buenas chicas.
Aún nos queda mucho por vivir. Vivamos con alegría.
Un beso de fi. mjo
Nota: Recuerdo tantas cosas. Es increíble la memoria.