Dicen que nos quejamos de media entre 15 y 30 veces al día por temas mayores. Y cada vez que lo hacemos, sentimos un pequeño alivio. El cerebro experimenta un pequeño chute de dopamina. Como cuando chismeamos. Y si tuviésemos una cabeza transparente, veríamos como en ese preciso instante en que verbalizamos la queja, la amígdala (esa estructura del cerebro tan involucrada en las emociones) se relaja. Así que sí. Quejarte te hace sentir bien en el momento. ¿Pero te hace bien?
Como con cualquier placer culpable, el problema de la queja es el precio que pagas si te regodeas en ella. Te roba cosas. Cosas importantes como el foco y la capacidad de encontrar soluciones. Y es que es como una golosina para el cerebro: dulce, inmediata y adictiva. Pero no alimenta. Y el cerebro te va a pedir más de eso que le sienta bien, y no te va a frenar cada vez que te quejes. Esta es la secuencia: te quejas, alivio momentáneo, el cerebro registra que funciona, repites. Nuestro sistema nervioso está cableado para detectar amenazas más rápido que oportunidades. Vaya.
Y, ... a base de repetir el comportamiento, tus circuitos neuronales internos (que no ves, pero están ahí) llevan a que tu atención esté puesta en lo que no te encaja. Has creado un hábito. Y sin darte cuenta, acabas viendo la realidad a través del filtro de lo que no funciona. Enhorabuena, eres una persona quejica.
¿Y qué pasa si no transformas la queja en acción? Pues que acabas siendo una persona esclava de un discurso que no sirve. Y ahí tienes el segundo gran problema: mucho protestar, pero no haces nada al respecto. Y, por falta de creatividad, contribuyes a alimentar una situación que te molesta. "Si no te gusta algo, cámbialo. Si no puedes cambiarlo, cambia tu actitud". Y es que una queja describe, pero rara vez propone. Es lenguaje sin dirección. Engancha. Si quieres que algo se mueva, tendrás que poner de tu parte.
Quejarse es humano, pero avanzar también lo es.
Un beso para empezar a salir. mjo

2 comentarios:
Siempre hay algo de victimismo en las personas que se quejan con frecuencia.
No se dan cuenta que, a medio largo plazo, éste es motivo para que sus relaciones acaben deteriorándose.
Y su ánimo, sobre todo su ánimo. Un beso, guapa
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