miércoles, 11 de enero de 2017

Claro


Pensé que diría que no. Claro. Por eso me ofrecí a cocinar. Bueno, ni eso. Tal vez a ayudar en algo. Pero no dijo que no. Dijo que sí. Y me hice la sorda (por no decir obviedades, la loca) me hice la sorda y por un momento parece que coló. Y sin hacer ruido me fui a leer a mi rincón favorito. Junto a las fotos, con la luz de la lampara de pie que tiene más años que la reforma de esta casa. Pensé que diría que no porque siempre lo hace. Dice, no, tranquila, tardo cinco minutos. Y luego son veinte porque con menos no queda igual de rico. Y yo leo o juego, o simplemente espero. Pero dijo que sí, y tuve que confesar mi osadía al ser descubierta. Y le sentí reír. Desde mi rincón. Sabía que se reía porque su voz sonaba a risa. Y si a él le hizo gracia la cosa, a mí me hizo más. Imagínate. Hacerle reír después de tantos años. 

Hoy toca leer, y toca rincón y toca, como siempre ...reír (o por lo menos sonreír) entre amigas. 

Un beso de un poco sorda y un poco loca. mjo

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