Estoy metida en una película. No sé si es un sueño o es real. La cocina es enorme y las personas que trabajan en ella corren sin tropezar y sin mirarse apenas. Sólo uno habla. Dice. Manda. El resto toma nota y trabaja. No quiero ser vista. No quiero molestar. Me quedaría observando esta escena durante horas. Es un mundo que sólo he visto en cine o, si acaso, imaginando. Y me encanta. Me gustaría hacerme pequeña o invisible y quedarme en una esquina, mirando y escuchando lo que en esa enorme cocina se crea cada día.
Un beso de secretos inconfesables. mjo
Nota: Si aún no lo has hecho, lee Rapsodia Gourmet, de Muriel Barbery. ¿A qué esperas?
No hay comentarios:
Publicar un comentario